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Última Actualización: 19/08/2019
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Lenguas Prehispánicas

  

Diferentes dialectos vinculados a las lenguas quechua, aimara y cunza se hablaron en diferentes épocas en la provincia de Jujuy, con variadas y superpuestas expansiones territoriales. También el cacán, lengua de los pueblos diaguitas, el guaraní y el puquina tuvieron momentos de uso dentro del territorio provincial. Otros grupos a los que hay que hacer referencia son, por un lado, las lenguas extintas vinculadas a la etnia omaguaca y, por otro, las chaquenses: toba y mataco.
Como en toda la América hispánica, los conquistadores promovieron el uso de lenguas generales; para la región que incluía la actual provincia de Jujuy se generalizó el quechua, que pronto se erigió en segunda lengua, detrás del español. Los otros idiomas mencionados más arriba sobrevivieron sobre todo en topónimos y patronímicos. Suele apuntarse que el aimara fue introducido desde la cuenca del Titicaca con la expansión Tiahuanaco. El quechua en cambio había legado ya con los incas y se utilizó tanto que hasta en zonas donde no estuvo el imperio, como es el caso de la región de Susques, donde se la habló y conservó; aunque éste fuera originalmente un territorio cunza, lo que se verifica en numerosos topónimos actualmente vigentes a ambos lados de la cordillera.
El cacán, por su parte, debió difundirse desde el sur como consecuencia de las relaciones entre los omaguacas y diaguitas. El vocablo Jujuy es a veces atribuido al cacán, pues hay una importante ciudad arqueológica en Catamarca con el nombre de Jujuy, en territorio de habla diaguita. Tras la Guerras Calchaquíes, los pueblos diaguitas luracataos y taquicastas, hablantes de cacán, fueron desplazados hasta Jujuy. Su lengua fue más tarde desplazada por el quechua y el español.
Ejemplos como el vocablo cario, aplicado a la denominación de un población asentada en la margen izquierda del Río Grande de Jujuy, hace pensar en incursiones guerreras de los chiriguanos, étnica y lingüísticamente emparentados con el tronco tupí-guaraní.
Los dialectos chaquenses que posiblemente hayan penetrado más en Jujuy son el mataco y el toba. En primer término pueden haber llegado en malones que asolaron la región en el siglo XVII y luego en boca de trabajadores de los ingenios azucareros, ya en el siglo XX.
Las lenguas que pudieron hablar los ocloyas, los paypayas, los gaipetes y los churumatas permanecen desconocidas, aunque se considera que dominaban el quichua.
La aparición de algunos topónimos de aparente origen uro constituyen un problema especial en el territorio jujeño. Los uros fueron una antigua etnia de las islas y juncales del Titicaca que hablaba el puquina, del tronco lingüístico arawak, de comprobada expansión amazónica. Hay varias teorías acerca de cómo llegaron los uros a mezclarse con los lipes en el sudoeste de Bolivia. Lo que no se sabe es cómo llegaron éstos a asentarse en el noroeste argentino. En tiempos modernos se produjo la llegada a Jujuy de médicos herboristas itinerantes callahuayas provenientes del departamento de La Paz, en Bolivia. Se trata de personas de claro origen quechua, del cual hablan una variedad dialectal aparentemente emparentada con el puquina. En la década de 1980, aún se pudo comprobar la entrada de callahuayas en el jujeño departamento Cochinoca.

 

Más información sobre este tema en:

Censabella. 1999
Fernández Distel. 1997.
Tovar. 1984

Para citar este artículo:

"Lenguas Prehispánicas" - © Jujuy en línea - 2019