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Última Actualización: 16/06/2019
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Las Guerras de Independencia en Jujuy
I- De la Revolución de Mayo a la Batalla de Ayohuma

Las Guerras de Independencia en Jujuy
II- El comienzo de las Guerras Gauchas

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Las Guerras de Independencia en Jujuy
I- De la Revolución de Mayo a la Batalla de Ayohuma

      Un territorio que forma parte actualmente de las provincias de Jujuy y Salta fue el principal escenario de las Guerras de Independencia en la Argentina, tanto por la intensidad como por la cantidad y regularidad de combates allí registrados. Desde comienzos de la Revolución de Mayo, en 1810, hasta 1825, Jujuy sufrió un constante ir y venir de los ejércitos realistas y revolucionarios sobre su territorio. Para los primeros, el objetivo principal era tomar Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, cuna de la revolución, y también centro político y económico. Para los rebeldes, el objetivo primordial era Lima, que fue, hasta la finalización del conflicto, el principal bastión realista. En medio de las capitales beligerantes se hallaba Jujuy, que entre ciudad y campaña sumaba 12.278 habitantes (Conti 2006). Pero, a pesar de su escasa población, la región ocupaba un lugar estratégico: la Quebrada de Humahuaca  era la puerta de entrada y salida del país, mientras que a lo largo de la Quebrada y los Valles Centrales pasaba el Camino Real, arteria principal del comercio y la comunicación entre el Virreinato del Perú y el del Río de la Plata, y por el cual se transportaba la plata extraída del Potosí para ser embarcada en Buenos Aires hacia la metrópoli. 
      Tras el derrocamiento del poder realista, en Mayo de 1810, el gobierno revolucionario porteño envió una expedición hacia el interior del país para acabar con las fuerzas coloniales. Luego de aplastar a la oposición realista en Córdoba, el Ejército Auxiliar del Norte, que partió de Buenos Aires comandado por Balcarce y Castelli, llegó a Jujuy en septiembre de 1810. La población jujeña contribuyó con hombres, recursos y armamento para el refuerzo de las tropas revolucionarias. Comenzaba allí la primera campaña auxiliadora hacia el Alto Perú (actual república de Bolivia) de las fuerzas patriotas, cuya finalidad era la de liberar del yugo colonial a los pueblos que allí habitaban.  
      Ante la noticia del avance del las tropas revolucionarias, el brigadier realista Juan Manuel de Goyeneche partió con una fuerza de 4.000 hombres para detenerlos. Luego de una serie de escaramuzas en Cotagaita, ambos ejércitos se enfrentaron, en noviembre de 1810 en los campos de Suipacha, donde las tropas revolucionarias obtuvieron su primera victoria. A partir de allí Balcarce y sus tropas avanzaron hacia el norte, tomando Potosí, Oruro y La Paz. Pero en junio de 1811 sufrieron una dura derrota en la batalla de Huaqui, lo que provocó una desorganizada retirada de sus fuerzas hasta Jujuy, donde Manuel Belgrano tomó el mando de las tropas, remplazando a Balcarce y a Castelli.
      El nuevo comandante en jefe recibió por ejército a un disminuido grupo de 800 hombres desarmados y desmoralizados. Sin embargo, Belgrano logró revertir la catastrófica situación del Frente Norte, situando su cuartel general en Jujuy, aplicando una disciplina militar implacable y levantando la moral de la tropa y el pueblo haciendo jurar ante ellos, la nueva bandera patria de su creación.
Ante la inminente llegada de las tropas realistas de Pío Tristán (unos 4.000 hombres), Belgrano, consiente de la inferioridad de sus tropas, decidió retroceder hasta Tucumán llevándose consigo a sus tropas y al pueblo Jujeño. En su marcha, arrasaría con todos los recursos que pudieran abastecer al enemigo. Se daría así el primer Éxodo Jujeño (23 de agosto de 1812).
      La vanguardia del ejército realista alcanzó a las tropas revolucionarias en Salta, produciéndose la batalla del Río las Piedras, en la que inicialmente los rebeldes sufrieron 100 bajas y perdieron dos piezas de artillería. Sin embargo, Belgrano logró articular un sorpresivo contraataque (en el que se destacaron las milicias gauchas de Patriotas Decididos, comandadas por  Díaz Vélez)  que produjo la derrota y el desbande de las tropas enemigas.
      Una vez llegados pueblo y ejercito a Tucumán, Belgrano reorganizó sus tropas y fortificó la ciudad. El 24 septiembre el ejército realista llegó hasta allí, lo que desencadenó la famosa batalla de Tucumán. La situación de las fuerzas beligerantes era dispar: Belgrano contaba con 1.800 hombres, mientras que Pío Tristán comandaba 3.000 hombres apoyado por 13 piezas de artillería. La batalla fue confusa pues las formaciones avanzaron de manera desorganizada produciéndose una suerte de remolino entre los beligerantes, sin embargo, las caballerías gauchas de Díaz Vélez y Balcarce decidieron la batalla atacando por los flancos a las fuerzas invasoras. El resultado fue una magnifica victoria de los patriotas, produciendo 1.100 bajas en el enemigo entre muertos y heridos, y capturando todo el parque de municiones y pertrechos, como así también la totalidad de la artillería enemiga. En tanto, los patriotas sufrieron bajas de sólo 80 muertos y 200 heridos. Las tropas realistas se retiraron a Salta.
      La batalla de Tucumán cobra una enorme importancia, no tan sólo por el heroico accionar de las tropas de Belgrano, las que se hallaban en clara inferioridad, sino también por el hecho de que hasta aquel triunfo el futuro de la revolución parecía prácticamente caduco ante la soledad de la lucha los patriotas argentinos asediados en un enorme frente realista, que se extendía entre el este y el norte. El triunfo de Belgrano desencadenó la caída del primer triunvirato dirigido por Rivadavia (gobierno que había sido nocivo para la causa revolucionaria), dando lugar al segundo triunvirato, dirigido por la Logia Lautaro, en la que se destaca la figura de San Martín.
      Mientras Belgrano permanece en Tucumán reorganizando sus tropas, envía una fuerte vanguardia de caballería de 600 hombres comandada por Díaz Vélez, quien logra tomar esporádicamente Salta, recuperando 60 prisioneros patriotas y llegando hasta Jujuy, donde es rechazado por los realistas. En su regreso se enfrenta a los realistas en el combate del Bañado, logrando una victoria y tomando ochenta prisioneros con los que regresa finalmente a Tucumán. Mientras el pueblo jujeño instalado en Tucumán celebra la elección de sus gobernantes, Belgrano recibe apoyo de Buenos Aires, desde donde le envían 500 hombres. Al mismo tiempo recluta una gran cantidad de nuevos soldados, elevando el número de sus tropas. El libertador decide avanzar hacía Salta. Luego de los combates de Cobos y el Portezuelo, en los que los realistas son derrotados y retroceden hasta la ciudad de Salta, Belgrano decide evitar un previsible asalto por el sur, y gracias a los conocimientos del salteño Apolinario Saravia logra evadir la ciudad de Salta por un pequeño sendero, para aparecer sorpresivamente por el norte, cortando así cualquier posibilidad de retirada del enemigo. Si bien los contendientes en la batalla de Salta, del 20 de febrero de 1813, se hallaban en paridad numérica (los patriotas contaban 3.700 hombres y los realistas 3.400), los realistas tenían para sí la ventaja estratégica de la defensa y el atrincheramiento. Sin embargo, la ingeniosa táctica dio sus frutos y Belgrano logró una victoria total: los patriotas lograron penetrar en las trincheras y fortificaciones reduciendo al enemigo hasta la plaza mayor de la ciudad, donde Pío Tristán decidió capitular. Sus tropas sufrieron 480 muertes y 200 heridos, los patriotas 108 y 480 respectivamente, mientras que todo el armamento enemigo quedó en poder de los patriotas. Los tres mil prisioneros restantes fueron liberados por Belgrano, luego de hacer el juramento de no volver a enfrentar a las tropas rebeldes.
En abril, Belgrano lanzó una fuerte vanguardia de 500 hombres hacia Potosí, mientras reorganizaba sus tropas en Jujuy. El pueblo lo nombró Teniente Gobernador y le otorgó una importante suma de dinero para la causa. A fines de Junio Belgrano llegó a Potosí y estableció su cuartel general. Luego de un período de calma, se dio el esperado choque entre patriotas y realistas en la pampa de Vilcapugio, que resultó en una fuerte derrota para Belgrano, que perdió más de 1.000 hombres entre muertos y heridos, como así también toda la artillería. Sin embargo, las fuerzas realistas comandadas por Pezuela, sufrieron 600 bajas, sobre todo en su caballería, lo que permitió a Belgrano retroceder sin ser perseguido. Gracias a la lentitud del avance, Belgrano logró reorganizar una tropa de 3.400 hombres que atacaron el 14 de noviembre a los realistas en Ayohuma. En esta batalla, mas encarnizada que la anterior, Belgrano perdió prácticamente la mitad de su hombres, y ante la amenaza de una derrota total, retrocedió hasta Jujuy, siendo perseguido por los realistas hasta Yavi. Del ejército del Norte sólo quedaban 1.500 hombres.

 

Más información sobre este tema en:

BIDONDO, E. A. 1968
BIDONDO, E A. 1980.
http://www.diccionariojujuy.gov.ar/
Rojas, R. 1916
SÁNCHEZ DE BUSTAMANTE, T. 1995.
TERUEL, A. y LAGOS, M. 2006

Para citar este artículo:

"Las Guerras de Independencia en Jujuy" - © Jujuy en línea - 2019